Los discursos parlamentarios de Práxedes Mateo-Sagasta

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100316
Legislatura: 1893
Sesión: 6 de Julio de 1893
Cámara: Senado
Discurso / Réplica: Réplica
Número y páginas del Diario de Sesiones: 66, 1095-1096
Tema: Crisis ministerial

El Sr. Presidente del CONSEJO DE MINISTROS (Sagasta): Pido la palabra.

El Sr. PRESIDENTE: La tiene S. S.

El Sr. Presidente del CONSEJO DE MINISTROS (Sagasta): He pedido la palabra para subsanar una falta que verdaderamente cometí.

Preocupado con la explicación de la crisis, preocupado con la idea de exponer las causas que habían originado la salida del Ministerio del Sr. Montero Ríos, se me olvidó contestar a la idea emitida por el Sr. Duque de Mandas, de que el Sr. Montero Ríos había provocado tres crisis.

Declaro que tampoco di importancia al asunto. Es una cuestión en que se ha ocupado la prensa; pero la prensa se ocupa, como sabe el Sr. Duque de Mandas, de muchas cosas, unas veces con falta de conocimiento y otras por mala intención, y de cualquier modo no es cosa de que esos argumentos de la prensa, que pueden tener por base una de estas dos razones, se haga eco un Sr. Senador de la respetabilidad del Sr. Duque de Mandas.

En efecto, yo no tengo que añadir ninguna palabra a las pronunciadas por mi distinguido amigo el Sr. Montero Ríos. No sólo no ha sido S. S. motivo de crisis en el Ministerio, sino que, por el contrario, evitó todas las dificultades que se le podían ofrecer al Gobierno en la ardua empresa en que estaba comprometido, y el único instante de vacilación que ha tenido, el único momento en que ha querido hacer una crisis, ha sido dirigiéndose particularmente a mí en una carta, creyendo que sus reformas podían ser un obstáculos a la marcha regular del Gobierno, por la oposición tenaz que se iniciaba contra ellas en el partido conservador. El Sr. Montero Ríos, con un exceso de delicadeza que le honra, me decía: ?Yo no quiero que el partido conservador tome como pretexto mis reformas para impedir la marcha del Gobierno en la empresa en que está comprometido, y como mi objeto es facilitar la marcha del Gabinete, disponga usted de mi cartera cunado quiera y como quiera.? ¡Qué había yo de disponer de su cartera, si ahora mismo he tenido mucho sentimiento al tener que hacerlo! Cuando un Ministro se porta de una manera tan noble, quizás por cumplir exageradamente los deberes de partido, a fin de que las relaciones entre los partidos gobernantes no se hagan más amargas y ásperas de lo que conviene que sean, no se le pueden hacer cargos de ningún género. Eso ha hecho el Sr. Montero Ríos; ha tenido sólo ese instante de vacilación; vacilación que le ha producido, repito, el ver la tenacidad con que se combatió la primera organización de los tribunales, que el Gobierno, como ha dicho muy bien, había aceptado con mucho gusto, porque entendió que satisfacía modestamente, como se pueden satisfacer, dada la situación del Tesoro, las necesidades de la justicia, y al mismo tiempo colaboraba de una manera perfecta y extraordinaria al principal problema que está obligado a resolver el Gobierno, que es la cuestión económica.

No; no ha sido motivo de disidencia ni por un solo instante el Sr. Montero Ríos en el Ministerio.

Yo pido perdón al Sr. Montero Ríos de que no se me haya ocurrido contestar esto al Sr. Duque de Mandas; pero, en fin, no hemos perdido nada, porque S. S. lo ha hecho mejor que yo, y como no ha dicho más que lo que yo hubiera de decir, y lo ha dicho mejor que yo, todavía hemos salido ganando.

Por lo demás, doy gracias al Sr. Montero Ríos y le ratifico el disgusto con que le hemos visto separarse de nosotros; disgusto que tienen todos los compañeros y le tengo yo, si cabe, mayor que ellos; le ratifico también la amistad y cariño que siempre le he profesado. Ahora, como antes, en el Ministerio, y siempre, cuento y cuenta el partido con la importante cooperación de S. S., como una de sus personas más ilustres.

No creo que necesite más explicaciones la crisis; pero si los señores conservadores las quieren mayores, estoy dispuesto a dárselas, aunque repito que me parece que no caben después de la sinceridad y verdad con que, tanto el Sr. Montero Ríos como yo, hemos dicho todo lo que había en el asunto; no hemos ocultado absolutamente nada, ni había por qué ocultarlo. Si el proceder, lo mismo del Sr. Montero Ríos que de todos sus compañeros, ha sido noble y ha estado inspirado sólo en el patriotismo y en el deseo del acierto, ¿por qué habíamos de ocultar nada?

Lo único, pues, que queda en este asunto, es el disgusto, vuelvo a decir, con que hemos visto la separación de nuestro querido amigo el Sr. Montero Ríos.



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